El mes de junio llega, con ello la justa mitad del año 2026 y se presenta con acontecimientos de gran relevancia, desde el mundial de futbol, que se celebra por tercera ocasión en México, hasta la conmemoración del centenario de la muerte de Antoni Gaudí (10 de junio de 1926), hoy no puedo ceder el espacio al balón, hoy será mi reconocimiento a un hombre que soñó y supo convencer a un mundo que tal vez no alcanzaba a dimensionar lo que él veía, fue un hombre adelantado a su tiempo que logró materializar obras excepcionales, su legado comprende monumentos emblemáticos en muchos lugares, sobre todo en Barcelona, como La Pedrera, la casa Batlló o el templo de la Sagrada Familia.
Ciertamente es Antoni Gaudí un hombre de gran calibre, con una historia que huye de lo común de principio a fin. El destacado psiquiatra Michael Fitzgerald, del Trinity College de Dublín, propuso a partir del estudio de su biografía, que Gaudí pudo estar dentro del espectro autista. Importante mencionar, es una hipótesis, no un diagnóstico y no debe reducir a un genio con una etiqueta. Pero es un hecho para reflexionar, pues cuando se deja a una persona crear desde su propia forma de procesar el mundo, nacen las ideas que lo transforman.
«Lavado de Colores»
Dicha hipótesis se basa en el estilo de vida, el proceso creativo y la genialidad del artista. Dentro de los puntos clave de esta teoría se encuentran el hiperfoco y meticulosidad, se señala su forma de trabajar obsesiva, metódica y profundamente detallista al visualizar estructuras complejas.
En el caso de la Sagrada Familia, el psiquiatra sugiere que la concepción de ésta, su obra cumbre, refleja una mente con un enfoque particular, irreal y sumamente estructurado.
Gaudí es considerado un ícono del pensamiento neurodivergente, al punto de que su legado ha inspirado proyectos arquitectónicos modernos para centros especializados, como lo demuestra la colaboración de la Fundación Antonio Gaudí en centros de atención para el Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Con motivo del centenario de su fallecimiento, 2026 ha sido declarado Año Gaudí, y también coincide con la culminación de la torre de Jesucristo, es por ello que la Sagrada Familia vive un hito sin precedentes con la finalización de un importante reto constructivo y el reconocimiento de un hombre excepcional.
«Perfecta Ejecución»
Este centenario no es solo un referente a nivel arquitectónico, es también una celebración, un recuerdo y un reconocimiento colectivo, es una conmemoración que reúne exposiciones, actividades culturales y algunos acontecimientos de enorme relevancia simbólica. Entre ellos destacan la coronación de la Torre de Jesucristo y la visita del papa León XIV a Barcelona, dos eventos que ponen de nuevo el foco internacional sobre el legado de un hombre sinigual.
Un dato curioso se dio el día de su graduación, el director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, Elies Rogent, llegó a decir: «Hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá»…
Gaudí fue enterrado el 12 de junio de 1926 en la capilla de Nuestra Señora del Carmen de la cripta de la Sagrada Familia, en presencia de una enorme multitud que se congregó para despedir a quien se ya se había convertido en un arquitecto universal y hoy, 100 años después, el mundo entero lo acompañó, reconociéndolo a pesar del tiempo, en un espacio que sólo él, desde su imaginario, supo «materializar» incluso antes de empezar a trabajar, incluso antes de que el templo logre finalmente completarse.