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Muchos de los países más ricos del planeta son también bastante pequeños. Naciones como Luxemburgo, Suiza y Singapur se benefician de sectores financieros y regímenes fiscales sofisticados que atraen importantes inversiones extranjeras, empresarios, talento profesional y grandes depósitos bancarios.
Conocida como «La perla de Asia», Singapur es una diminuta ciudad-estado con apenas 5.6 millones de habitantes y actualmente es uno de los mayores centros financieros del mundo, el lugar que produce más millonarios y el más costoso para vivir, de acuerdo a un estudio del Economist Intelligence Unit. En 2026 ocupa el primer lugar de los países más ricos del mundo.
Con un patrimonio neto de más de 40 mil millones de dólares, la persona más rica que vive en Singapur es un estadounidense: Eduardo Saverin, cofundador de Facebook, quien en 2011 dejó Estados Unidos con 53 millones de acciones de la compañía y se convirtió en residente permanente de la nación insular. Al igual que muchos otros millonarios y multimillonarios, Saverin no eligió Singapur solo por sus atractivos urbanos o sus puertas naturales: Singapur es un próspero paraíso fiscal donde las ganancias de capital y los dividendos están libres de impuestos.
¿Cómo logró Singapur llegar a este punto? Cuando la ciudad-estado se independizó en 1965, la mitad de su población era analfabeta. Prácticamente sin recursos naturales, Singapur se superó a sí misma gracias al trabajo arduo y a políticas inteligentes, convirtiéndose en uno de los lugares más favorables para los negocios en el mundo. Hoy en día, es un próspero centro comercial, manufacturero y financiero. En un avance aún más positivo, el 98% de la población adulta es alfabetizada.
Polémico inicio pues hace medio siglo era una isla pobre, con muy pocos recursos naturales, que no prometía un gran futuro.
Tras dejar atrás el dominio británico y lograr la independencia de Malasia en 1965, Singapur se convirtió en un estado autónomo liderado por Lee Kuan Yew. El hombre, que ocupó el cargo de primer ministro por más de 30 años, es el artífice del llamado «milagro económico».
Lee diseñó un amplio programa de reformas para sacar a Singapur de lo que él describió como el «pozo negro de la miseria y la degradación» y convertirlo en un país industrializado y moderno, bajo un modelo capitalista con férreo control estatal.
Tiene una ubicación estratégica entre Malasia e Indonesia, posición geográfica que es muy importante para el comercio mundial, justo en la zona más poblada y de mayor crecimiento del mundo, pues dicha ubicación le ha permitido estar en una ruta clave de comercialización entre gigantes como China, India y el sudeste asiático.
Desde finales de la década de 1960, el gobierno y las autoridades impulsaron grandes programas de empleo y la construcción de viviendas sociales, una política social que fue de la mano de un estricto control de la vida privada y la supresión de libertades individuales (incluyendo la detención de opositores sin llevarlos a juicio y la aplicación de castigos corporales). Incluso había órdenes explícitas sobre cómo ser corteses y hasta cómo limpiar el lavabo.
Con el paso del tiempo, el país impresionó al mundo con sus altos niveles de educación, sanidad y competitividad económica, al tiempo que atacó la corrupción, considerado como un mal endémico en la antigua colonia.
En una primera etapa de desarrollo, Singapur se dedicó a la producción de manufactura intensiva en mano de obra para exportar a mercados de países desarrollados.
Pero hacia fines de la década de los 90, el país entró en una nueva etapa de transformación económica que lo llevó a convertirse en un centro financiero global. Desde entonces, no ha parado de crecer.
Cuenta con una población capaz de hablar chino e inglés, instituciones sólidas que funcionan y ausencia de corrupción. A eso suma una fuerte inversión social en vivienda, salud y educación, que fue puesta en práctica desde el inicio del programa de transformación económica.
En paralelo, Singapur entregó generosos incentivos a los inversionistas extranjeros para instalarse en el país, permitió el libre flujo de capital y firmó importantes acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, China, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y la Unión Europea.
Algunas de las razones principales de su fama, muchas controversiales, pero sin duda efectivas son:
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Limpieza extrema y orden: Es una de las ciudades más limpias del mundo gracias a sus estrictas leyes que prohíben tirar basura, masticar chicle o escupir, las cuales se castigan con multas severas.
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Seguridad ciudadana: Posee una de las tasas de criminalidad más bajas del planeta, permitiendo caminar con total tranquilidad a cualquier hora.
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Arquitectura y modernidad: Destaca por lugares icónicos como el complejo Marina Bay Sands y los Gardens by the Bay con sus famosos Supertrees (super árboles artificiales).
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Aeropuerto de Changi: Es mundialmente reconocido por ser de los mejores del mundo, destacando por su cascada interior (Rain Vortex), jardines tropicales y atracciones de lujo.
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Ciudad Jardín: A pesar de ser una metrópoli muy densa, casi la mitad de su territorio está cubierto de vegetación y parques integrados en el urbanismo.
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Riqueza y economía: Tiene un producto interno bruto (PIB) per cápita altísimo y una economía global muy competitiva, a pesar de carecer de recursos naturales propios como agua o petróleo.
Singapur es con toda seguridad el claro ejemplo de que es posible transformar la pobreza y condiciones adversas en herramientas de crecimiento, aunque polémico el método, pero un resultado que muchos países ya quisieran lograr.

«El Ángel de México»
El mundial de fútbol puede resultar un experimento social muy interesante, es un evento totalmente particular (manejado por empresarios con un fin comercial muy bien definido) donde en distintos momentos, se ha manifestado una corrupción de gran calibre para definir qué país logra ser sede, qué federación apoya a quién, qué marca de artículos deportivos pone más dinero, contratos y convenios de transmisión, venta de boletos, patrocinios, etc., etc., etc., y al final, no se deja un beneficio real al país anfitrión o a los ganadores, las arcas de las autoridades de la FIFA son las que acumulan cifras estratosféricas.
Es la primera vez que este evento tiene 3 países anfitriones: Canadá, México y Estados Unidos. Con toda seguridad, el Mundial 2026 con su sede en México, será la más recordada, no solo en el país sino en el mundo entero, muestra de ello es que tan sólo el domingo 5 de julio se congregaron más de un millón 300 mil personas en Paseo de la Reforma por el juego entre el ‘Tri’ e Inglaterra.
Sin embargo, la fiesta futbolera también ha dejado un saldo de episodios lamentables, un atentado que han opacado el ambiente mundialista.
Los festejos derivaron en disturbios, destrozos, robos, acumulación de basura y hechos de violencia en distintas ciudades, siendo el punto más grave lo ocurrido en el Ángel de la Independencia, donde cuatro personas murieron durante las celebraciones, lo que cuestionó la organización de los operativos de seguridad y la responsabilidad de las autoridades.
Ahora bien, más allá de la parte comercial, si hay lavado de dinero o no, lo realmente notorio está en el comportamiento de la sociedad, en los jugadores, en las alianzas, en las rencillas. Cuando la selección nacional gana, «todos ganamos», si pierden, «ellos perdieron», el subirse al tren del triunfo y reconocimiento es más fácil y las emociones se desbordan, no hay contención, hay despojo de inhibiciones y los límites no alcanzan.
Ciertamente tenemos mucho que reprobar, sí, pero también se destaca la estrategia de los equipos, la voluntad de ir adelante, el no detenerse a pesar de ir perdiendo, los disparos a la portería que por centímetros no entran y seguir insistiendo, o la destreza de un solo portero que jugó más en un partido que otro en todo el torneo, todo ello es de aplaudirse por supuesto. Ver a una figura como Messi, desbordado en lágrimas porque el resultado no fue favorable o simplemente por sentirse liberado del peso que traía a cuestas, también se reconoce.
Saber ganar y perder es una habilidad de la vida que se basa en el respeto, la humildad y el control emocional. Significa aceptar los resultados con calma, tratar bien a los demás y entender que cada juego o reto es una oportunidad para aprender, para crecer y cerrar el capítulo, sea cual sea el resultado, es parte de avanzar.
La historia mundialista en esta etapa concluye, vendrá un nuevo contexto que España, Portugal y Marruecos como sedes en el 2030 se encargarán de construir, por lo pronto, aquí la numeralia del 2026:
- Países anfitriones: 3 (Canadá, México y Estados Unidos).
- Selecciones participantes: 48.
- Ciudades sede: 16.
- Duración: 39 días (inauguración el 11 de junio, final el 19 de julio).
- Partidos totales: 104
- Kylian Mbappé: Se convirtió en el máximo goleador en la historia de los Mundiales con 22 tantos.
- Lionel Messi: Logró la mayor cantidad de victorias en la historia del torneo (23) y el récord de más goles anotados desde fuera del área (7).
- Cristiano Ronaldo: Primer jugador en marcar en 6 ediciones distintas de la Copa Mundial.
- Michael Olise: Registró la mayor cantidad de asistencias en una sola edición (7).
- España: Se coronó como el campeón con menos goles recibidos en todo el torneo (solo 1).
- Premios:
Campeón: 50 millones de dólares
Subcampeón: 33 millones de dólares
Tercer lugar: 29 millones de dólares
Cuarto lugar: 27 millones de dólares
Al final, el polémico ganador no es el que metió más goles, el que más festejó o el que levantó la copa, en el negocio del fútbol, quien gana y por mucho con el Mundial es la FIFA, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (por sus siglas en francés, Fédération Internationale de Football Association), de eso, no hay duda.
El mes de junio llega, con ello la justa mitad del año 2026 y se presenta con acontecimientos de gran relevancia, desde el mundial de futbol, que se celebra por tercera ocasión en México, hasta la conmemoración del centenario de la muerte de Antoni Gaudí (10 de junio de 1926), hoy no puedo ceder el espacio al balón, hoy será mi reconocimiento a un hombre que soñó y supo convencer a un mundo que tal vez no alcanzaba a dimensionar lo que él veía, fue un hombre adelantado a su tiempo que logró materializar obras excepcionales, su legado comprende monumentos emblemáticos en muchos lugares, sobre todo en Barcelona, como La Pedrera, la casa Batlló o el templo de la Sagrada Familia.
Ciertamente es Antoni Gaudí un hombre de gran calibre, con una historia que huye de lo común de principio a fin. El destacado psiquiatra Michael Fitzgerald, del Trinity College de Dublín, propuso a partir del estudio de su biografía, que Gaudí pudo estar dentro del espectro autista. Importante mencionar, es una hipótesis, no un diagnóstico y no debe reducir a un genio con una etiqueta. Pero es un hecho para reflexionar, pues cuando se deja a una persona crear desde su propia forma de procesar el mundo, nacen las ideas que lo transforman.
Dicha hipótesis se basa en el estilo de vida, el proceso creativo y la genialidad del artista. Dentro de los puntos clave de esta teoría se encuentran el hiperfoco y meticulosidad, se señala su forma de trabajar obsesiva, metódica y profundamente detallista al visualizar estructuras complejas.
En el caso de la Sagrada Familia, el psiquiatra sugiere que la concepción de ésta, su obra cumbre, refleja una mente con un enfoque particular, irreal y sumamente estructurado.
Gaudí es considerado un ícono del pensamiento neurodivergente, al punto de que su legado ha inspirado proyectos arquitectónicos modernos para centros especializados, como lo demuestra la colaboración de la Fundación Antonio Gaudí en centros de atención para el Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Con motivo del centenario de su fallecimiento, 2026 ha sido declarado Año Gaudí, y también coincide con la culminación de la torre de Jesucristo, es por ello que la Sagrada Familia vive un hito sin precedentes con la finalización de un importante reto constructivo y el reconocimiento de un hombre excepcional.
Este centenario no es solo un referente a nivel arquitectónico, es también una celebración, un recuerdo y un reconocimiento colectivo, es una conmemoración que reúne exposiciones, actividades culturales y algunos acontecimientos de enorme relevancia simbólica. Entre ellos destacan la coronación de la Torre de Jesucristo y la visita del papa León XIV a Barcelona, dos eventos que ponen de nuevo el foco internacional sobre el legado de un hombre sinigual.
Un dato curioso se dio el día de su graduación, el director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, Elies Rogent, llegó a decir: «Hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá»…
Gaudí fue enterrado el 12 de junio de 1926 en la capilla de Nuestra Señora del Carmen de la cripta de la Sagrada Familia, en presencia de una enorme multitud que se congregó para despedir a quien se ya se había convertido en un arquitecto universal y hoy, 100 años después, el mundo entero lo acompañó, reconociéndolo a pesar del tiempo, en un espacio que sólo él, desde su imaginario, supo «materializar» incluso antes de empezar a trabajar, incluso antes de que el templo logre finalmente completarse.
Con toda seguridad, la arquitectura de edificios es el arte y la técnica de diseñar y construir espacios habitables. Fusiona estética, funcionalidad y la sostenibilidad para mejorar la calidad de vida de las personas, integrando la estructura con el entorno.
A lo largo de la historia de la humanidad, la arquitectura ha evolucionado respondiendo a la tecnología y la cultura de cada época.
Los componentes clave del diseño arquitectónico son la forma y la estética. El lenguaje visual de un edificio, sus líneas, las proporciones y el impacto visual en el entorno crean una obra cuya función es la distribución espacial, la ergonomía y cómo los usuarios interactúan y se desplazan dentro del inmueble.
Una idea que se materializa en el soporte físico, usando acero, hormigón, madera (la lista de materiales es directamente proporcional a las posibilidades del entorno) garantiza la seguridad, estabilidad y durabilidad del inmueble.
En lo particular, la fotografía que tiene como personaje principal un edificio, sea un moderno rascacielos, una vieja iglesia o la entrada de una casa, es motivo suficiente para hacer los disparos necesarios con la cámara, hasta lograr la captura precisa, la que no huye y trae la combinación correcta de luz y texturas… el protagonista también posa, también usa un lenguaje propio y se manifiesta para lograr esa imagen que perdura.
Un ejemplo de las muchas oportunidades que he tenido de atrapar un monstruo arquitectónico es la Torre MahaNakhon.
La Torre MahaNakhon (oficialmente King Power MahaNakhon), es un rascacielos de diseño vanguardista ubicado en el distrito central de negocios de Silom/Sathon en Bangkok, Tailandia.
Parece sacada de un mundo digital con su impactante diseño en forma de píxeles en 3D. Esta maravilla arquitectónica de Bangkok desafía la estética tradicional con su apariencia fragmentada, como si estuviera en proceso de ensamblaje en pleno cielo. Con 314 metros de altura, se impone como uno de los rascacielos más altos de Tailandia y una joya de la ingeniería moderna.
Pero no solo su diseño deja sin aliento. Dentro alberga lujosas residencias dignas de cualquier empresario, oficinas de primer nivel y un observatorio con una vista panorámica incomparable de la ciudad. Inaugurada en 2016, la torre representa el dinamismo y la evolución urbana de Bangkok, atrayendo a visitantes y arquitectos de todo el mundo que buscan inspiración en su audaz y polémica estructura.
La torre alberga más de 200 apartamentos, un hotel de más de 150 habitaciones, diversas tiendas de lujo, bares y restaurantes, y por supuesto, un increíble mirador.
Esta atracción es considerada de las más impresionantes del mundo, el llamado mirador Mahanakhon SkyWalk.
Ocupa la totalidad de las últimas plantas del edificio, incluyendo la azotea al aire libre. Esta parte proporciona unas vistas inigualables de la ciudad y además tiene un suelo de cristal.
A diferencia de otros edificios, pasear sobre la ciudad es una sensación indescriptible, aunque sólo válida con el despojo del miedo. Es uno de los mejores miradores del planeta y sus peculiares elevados solo se toman escasos 50 segundos de subida.
Pasear sobre la ciudad desde esta altura es una sensación indescriptible, es un atentado para el equilibrio pero un recordatorio de que la arquitectura es un arte funcional que se dispara al cielo.
La noticia que con toda seguridad nos mantuvo atentos al cielo, fue «Artemis II», la misión espacial de sobrevuelo lunar bajo el programa Artemis, liderada por la NASA. Fue el segundo vuelo del cohete SLS, la primera misión tripulada de la nave espacial Orión así como el primer viaje tripulado al espacio profundo en más de 50 años. Un viaje de gran calibre y literal, fuera de este mundo.
El lanzamiento se llevó a cabo el 1 de abril, desde la plataforma 39 B del Kennedy Space Center. La tripulación estuvo conformada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch (NASA) y Jeremy Hansen (Agencia Espacial Canadiense). El objetivo de la misión fue el sobrevuelo lunar y la validación de sistemas para el futuro alunizaje de Artemis III. El regreso ocurrió el 10 de abril con un amerizaje seguro en el Pacífico.
La misión Artemis II se llama así en honor a la diosa griega de la Luna, Artemisa, hermana gemela de Apolo. Este nombre simboliza la continuidad del histórico programa Apolo (que llevó a los primeros humanos a la Luna) y marca el inicio de una nueva era de exploración lunar que incluye a la primera mujer en viajar tan cerca de nuestro satélite.
Dentro de los logros destacados de Artemis II, podemos mencionar:
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Fue el primer vuelo tripulado más allá de la órbita baja, en medio siglo, llevando a la primera mujer, afroamericano y canadiense a las proximidades lunares.
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La nave Orión funcionó a la perfección, incluyendo sistemas autónomos y el escudo térmico, que soportó la reentrada.
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Se probaron comunicaciones láser, enviando datos a alta velocidad (260 Mbps), se realizaron experimentos médicos y de comportamiento humano en el espacio profundo.
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Recopilaron miles de datos y capturaron imágenes históricas de la Tierra y la Luna para preparar la misión de alunizaje, Artemis III.
La misión demostró que los humanos pueden operar con seguridad lejos de la Tierra por periodos prolongados, sentando las bases para una presencia sostenible en la Luna y futuros viajes a Marte.
Las imágenes captadas por los astronautas han despertado el interés de toda una nueva generación por las posibilidades de los viajes espaciales.
Cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin se convirtieron en los primeros seres humanos en alunizar en julio de 1969, muchos dieron por hecho que aquello era solo el principio y que pronto habría gente viviendo y trabajando en el espacio. Eso no sucedió porque el programa Apolo no nació del amor por la exploración, sino de la Guerra Fría, para demostrar la superioridad de Estados Unidos sobre la Unión Soviética. Esa hazaña se logró con el «pequeño paso» de Armstrong al salir de su módulo lunar: misión cumplida.
Apenas unos años después de que plantara la bandera estadounidense en la superficie lunar, la audiencia televisiva de las misiones posteriores se desplomó y las futuras misiones Apolo fueron canceladas.
En esta ocasión, el objetivo declarado de la NASA es diferente. El administrador Jared Isaacman ha presentado planes para realizar un alunizaje tripulado al año a partir de 2028 y la quinta misión Artemis (prevista para finales de ese mismo año) marcará el inicio de lo que la agencia denomina su base lunar.
La NASA ha mantenido su objetivo de 2028 para el primer alunizaje de la misión Artemis, en parte por motivos políticos: ahora coincide con la renovada política espacial del presidente Trump, que prevé el regreso de los estadounidenses a la superficie lunar para 2028, un plazo que se inscribe dentro de su actual mandato, que finaliza ese año.
Los analistas independientes no creen que el objetivo sea realista, al contrario, es polémico. Pero el Congreso ha respaldado la fecha con miles de millones de dólares del dinero de los contribuyentes, en parte porque hay un nuevo competidor en el horizonte.
El surgimiento de China en este siglo como superpotencia económica y militar ha venido acompañado de un rápido avance de sus capacidades espaciales y ahora, se ha fijado el objetivo de llevar a un astronauta a la Luna hacia el año 2030.
Si el calendario de Artemis se retrasa, como creen muchos expertos, China podría llegar a la Luna primero. Su enfoque es más sencillo. Utiliza dos cohetes, un módulo de tripulación y un módulo de aterrizaje independientes y evita la complejidad del reabastecimiento en órbita del plan estadounidense.





