A una década de su inauguración, la Torre BBVA se ha consolidado como uno de los referentes de la evolución del diseño arquitectónico, la sostenibilidad y la ingeniería sísmica en México y América Latina.
Su construcción tuvo una duración de aproximadamente 7 años (de 2008 a la segunda mitad de 2015), la inauguración oficial fue el 9 de febrero de 2016.
El rascacielos de 50 pisos y 235 metros de altura (supera los 250 m considerando las antenas decorativas) se ha convertido en un elemento icónico que, junto con la Torre Mayor, conforma una suerte de portal hacia una de las zonas financieras más importantes del país, el Paseo de la Reforma.
El diseño es el resultado del trabajo conjunto de dos firmas emblemáticas de arquitectura: la mexicana LEGORRETA® y la británica Rogers Stirk Harbour + Partners (fundada por el premio Pritzker Richard Rogers). A estas autoridades en la materia, que se unieron como equipo, se le conoció como LegoRogers.
Si la ves de cerca, notarás un entramado exterior en forma de rombos. Esta estructura no solo es estética: es una celosía arquitectónica inspirada en el arte tradicional mexicano que funciona como sombrilla, reduciendo la radiación solar y el consumo de aire acondicionado.
A diferencia de esquemas tradicionales de construcción que concentran la resistencia estructural en el núcleo central, la Torre BBVA incorpora un sistema de estructuras diagonales en el perímetro que absorbe las fuerzas de movimiento, lo que la hace menos susceptible a un colapso.
Cada tres o cuatro pisos, el rascacielos cuenta con jardines elevados a cielo abierto dentro del propio volumen del edificio. Estos espacios sirven como áreas de descanso para los colaboradores y permiten la entrada de iluminación y aire natural, se pueden identificar por las escaleras exteriores en forma de tobogán.
La fachada integra miles de luminarias LED de bajo consumo. Por las noches, la torre proyecta animaciones, apoya causas sociales, celebra fechas patrias o muestra patrones de colores temáticos, convirtiéndose en un referente visual del cielo nocturno de la capital.
En su interior, la arquitectura propone un sentido de comunidad e interacción muy interesante; la planta baja tiene una entrada monumental de triple altura, desde el lobby, los elevadores panorámicos de cristal se orientan hacia el Bosque de Chapultepec y llevan a los usuarios hasta el nivel de sky lobby en el doceavo piso (cabe mencionar que no existe el piso trece), esta zona conecta el hall con las terrazas que ofrecen vistas hacia Chapultepec. En el vestíbulo, se montan exposiciones y eventos, cuentan con auditorio y una gran cafetería. Existen muchos controles de seguridad que separan los espacios públicos de los privados dentro del edificio, pero de igual manera, tienen espacios colaborativos basados en el concepto «open space», donde fomentan una comunicación fluida y más ágil, reduciendo las paredes divisorias. Los ejecutivos y VIPs acceden a través de un lobby separado en la planta baja, con un acceso destinado para vehículos, así garantizan un alto nivel de seguridad y privacidad. El elevador ejecutivo ofrece acceso directo a los niveles ejecutivos y a otras zonas exclusivas, incluyendo el helipuerto.
El edificio busca ser una aportación al paisaje urbano de la ciudad, respondiendo al entorno y mejorándolo. La Torre tiene una ubicación única que marca el principio del tramo histórico de la Avenida Reforma y enfatiza su relación con el Bosque de Chapultepec, es visible desde diversos puntos de la ciudad, por esto! es un punto de referencia y símbolo urbano de la ciudad.
«Disparos de Color»
En pocas palabras, la Torre BBVA es un edificio que representa liderazgo, solidez e innovación. No de una manera ostentosa o pretenciosa, sino mediante un diseño eficiente, que contribuye a la ciudad y a su ecosistema institucional, cabe mencionar que es uno de los edificios más emblemáticos, cotizados y modernos para laborar, considerado un referente al nivel de (o por encima de ) Google.